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A mi vuelta a Madrid me llamaron del Regional de Castilla
La Mancha de TVE, donde había dejado un currículo. Me contrataron
como guionista-coordinadora y presentadora de su
magazine diario. Para mí fue un centro de
aprendizaje. Aprendí a hacer piezas para televisión y a
montarlas, presenté, entrevisté, e incluso realicé en
alguna ocasión.
Fui muchas veces a Castilla La Mancha y descubrí todo lo
que había en esa tierra fantástica, empezando por sus
gentes. Me hubiera quedado mucho más tiempo, si no hubiera
sido porque al cabo de seis ó siete meses, el Centro, que
entonces estaba en Paseo de la Habana,
se
trasladaba a Toledo. Me ofrecieron que siguiera trabajando
allí, pero entonces las carreteras no estaban como ahora y
la distancia se hacía muchísimo mayor. Yo no quería dejar
Madrid, donde estaban todas mis posibilidades, además de
mi familia y amigos, y rechacé la propuesta al tiempo que
me presentaba a Telemadrid.
No entré directamente en los informativos porque, pese a
mi experiencia, me faltaba una asignatura para acabar la
carrera, a la que no me había podido
presentar por estar en Londres y Fermín
Bocos, el primer
director de informativos de Telemadrid y el que consiguió
sin duda que se convirtieran en los más modernos de España
–los que luego copiaría todo el mundo–
me rechazó. Pese a
todo, me presenté a las pruebas de continuidad de la
cadena y me seleccionaron. Isabel Prinz, actriz,
y yo, periodista de
hecho, pero no de derecho aún, al faltarme esa asignatura
–que aprobé seis meses más tarde con notable–,
inauguramos la cadena. Bueno, la
inauguró Isabel, porque yo tuve que tener una semana de
carencia desde que dejé el regional de Castilla la Mancha
y comencé a salir en Telemadrid.
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