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La maternidad es la experiencia emocional y hormonal que
más afecta a las mujeres ¿a ti
como te ha cambiado?
Me ha hecho mejor persona, más generosa, menos radical.
Mis hijos me han enseñado a quitarle hierro a los
problemas y mi sensibilidad se ha agudizado. Ahora hay
muchas películas que no veo si tocan el maltrato infantil,
y cosas que no leo, si describen el sufrimiento de los
niños porque lo paso fatal.
A los 25 años decías que no tenías
instinto maternal...
Es que yo era muy independiente, mi trabajo me ocupaba
muchísimas horas, todo el tiempo empeñada en demostrar...
y los niños me gustaban, pero lo justo. Cuando me enamoré,
cambiaron las cosas.
La maternidad ¿duplica la energía o te roba definitivamente
el sueño?
La maternidad es maravillosa pero también tiene momentos
muy duros. No hay que mitificar. A mi me decían: "Qué
maravilla estar embarazada, que bonito es todo..." Pues no.
Hay ratos en que,
físicamente, me encontraba fatal, tenía miedo, me
asaltaban mil dudas... Cuando oigo a esas madres que dicen:
"Mi hijo nunca me da una mala noche." ¿Pero quién va a
creerse eso?
Eso sí, las alegrías y la fuerza que dan los hijos lo
compensan todo.
¿Han cambiado tus aficiones desde
que tienes hijos?
Han dado un vuelco, sí. Sólo me da tiempo a leer los libros
de la gente que voy a entrevistar, antes iba al cine dos
veces por semana, ahora veo las de Disney cincuenta veces y
esas tres maravillosas horas que dedicaba los domingos a
leer los periódicos se han quedado en titulares ¡y
gracias! A cambio, he incorporado imaginación, más risas y
mucha vida al aire libre. No paramos ni
un minuto.
¿Cómo te las arreglas para que una noche en blanco no
afecte a tu trabajo?
Pues no hay mucho que hacer: al día siguiente me pongo unos
parches para las ojeras, varias ampollas tensoras, un traje
que me favorezca (verte guapa es básico para cargar las
pilas) y dosis extras de paciencia y resignación.
Después, le cojo el ritmo a la mañana y se
me va olvidando.
¿No tienes tentaciones de quedarte en casa cuidando a tus
niños?
No, ni creo
que me aguantaran allí todo el día. Si a mi me metes en
casa y me pones un mandil, me machacas viva. Yo quiero
estar con mis hijos, darles la calidad de mi tiempo, pero
no mi tiempo constante. A ellos les viene
muy bien saber que mamá tiene que ir a trabajar, salir a
cenar... Además, soy muy organizada y, como todas las
mujeres, estoy acostumbrada a hacer muchas cosas al mismo
tiempo.
Cuéntame como es cada uno de tus hijos.
Ramón, de 12
años, es creativo, muy sensible (eso me tiene angustiada
porque va a sufrir mucho, como su madre), algo distraído y
muy cariñoso, un buenazo. Le encantan los deportes y
escribe maravillosamente sus redacciones en español y en
inglés. Miguel tiene 4 años y es super-sociable, muy
ordenado con sus cosas, sumamente zalamero y el más tozudo
de los tres. No soporta que le griten y, de cara es muy
parecido a mí. Y Luisito, de 14 meses, es físicamente igual
que su padre, se pasa el día sonriendo y no pierde detalle
de lo que pasa a su alrededor.
¿Cómo te planteas su educación?
Más que brillantes o competitivos queremos que sean buenas
personas y se sientan queridos, que valoren lo bueno que
tienen y respeten a quien tengan enfrente. A partir de ahí,
cada uno tomará su camino.
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