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Marta es una mujer muy polifacética, de personalidad
arrolladora, con la que hemos mantenido una conversación
muy grata y honesta, recorriendo su labor como periodista,
investigadora, buscadora, productora y escritora, con su
sexto libro recién publicado.
Muy exigente consigo
misma, se sabe intransigente con sus propios defectos pero
también se reconoce entregada a sus seres queridos.
Madre de tres hijos propios y otros tantos de su marido,
combina con esfuerzo, creatividad, ayuda y resolución, el
difícil arte de ser una mujer ambiciosa, creativa, exitosa
y dedicada también en cuerpo y alma a su familia. En fin,
tenemos en Marta Robles un ejemplo de
la inteligencia al servicio de la profesión y la profesión
al servicio de la vida.
¿Cómo
fueron
tus
orígenes?
Nací
en Madrid. Soy de una
familia de clase media, acomodada.
Mi padre era economista,
abogado y ha sido director general de muchas empresas,
algunas de ellas americanas.
Mi madre era ama de casa.
Y tu infancia, ¿cómo la recuerdas
ahora?
Tengo un
vínculo muy potente con mi hermano. Hacíamos una piña.
Yo estaba muy unida a mi madre porque mi padre viajaba
mucho. Lo que más recuerdo de él era que nos obligaba a
jugar al ajedrez con él para darnos la paga. Si no, no nos
la daba. Hasta que le gané. Ahí ya no le gustaba tanto que
jugáramos con él. Recuerdo una anécdota muy curiosa. Haciendo
un programa de entrevistas para Telemadrid en El Escorial,
donde pasaban desde reyes y jefes de estado hasta
literatos, vinieron Kasparov y Karpov. Y cuando iba a
entrevistar a Kasparov salió una página en el ABC, que
ponía: "Partida de ajedrez en El Escorial. Gari Kasparov
contra Marta Robles". Y claro, lo recorté y se lo enseñé a
mi padre (risas).
¿Y
tu madre?
Mi madre era una persona
buenísima, y la más guapa del mundo; como una actriz
de Hollywood de
los años 50. Una mujer rubia, de ojos
verdes, con una
voz maravillosa y un cuerpo increíble.
¿Qué querías ser de niña?
Quería escribir. Escribía muchísimo.
De hecho, gané varios
concursos literarios, con 12 y 13 años. Incluso uno muy famoso,
el de Coca-Cola.
¿Tu madre te apoyaba? No, en el tema de la escritura,
ni mi madre, ni mi padre. Ni siquiera mi hermana; ella decía
que era una cursi, porque me encantaba la poesía.
Cuando terminaste el colegio,
¿qué estudiaste?
Mi
padre quería que estudiase
Derecho y Económicas pero dije que no y me puse a trabajar.
Luego empecé COU, por la noche, y después Periodismo. Yo
estaba segura de que quería
escribir y la vía para ello era ser periodista. Presenté mi
currículo
en la revista 'Tiempo' y
me cogieron. En ese momento
me llamó una amiga y me
dijo que le dejara mi currículo para el primer canal
de televisión
privado vía satélite para
España. Yo se lo di, total como
estaba segura de que no iba a salir... De pronto me
llamaron para hacer una prueba. Lo recuerdo como si fuera
ayer: en un jardín, con muchísimo
viento y todo el pelo en la cara.
Tenía que presentar 'Gandhi',
la película de Richard Attenborough,
y a mitad de la locución
me equivoqué. Me propusieron repetir pero dije
que no,
convencida de que no
me iban a coger. Pero alguien
debió comentar que debajo de mi pelo parecía que se veía algo
y al día siguiente me llamaron
para ver si quería ir a Londres,
a trabajar en una televisión
de allí. Y me fui.
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