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¿Y los helados?
¡Los polos de hielo!
Lo más básico.
La porquería. Aquellos polos de hielo antiguos, puro
colorante que chupabas y se quedaban sin color; ésos me
gustaban a mí. ¿Te acuerdas de los Flash? Me encantan.
Las golosinas se asocian a la infancia, ¿recuerda la
primera chuchería que le marcó?
La primera no, pero sí tengo un recuerdo de mi infancia muy
asociado a las golosinas. Un día, no sé por qué, yo tenía
20 duros, que en aquella época eran un dineral, y me fui a
una panadería a comprar chucherías. Al volver, no tenía
llaves y no había nadie en casa. Así que empecé a comerme
todas en la puerta; me puse tan mala que tuve que entrar en
casa a la fuerza, dando patadas a la puerta hasta que la
abrí. Me asusté tanto que la volví a cerrar y no dije nada
en casa. Mis padres no lo supieron hasta hace un par de
años.
Hablando de niños, ¿sería capaz de decirle
a un niño que las
golosinas son malas?
Lo que hago es comerme sus golosinas, y seguro que me
gustan más que a ellos. Es un serio problema, porque,
cuando hay que quitarles una chuchería, se la quito, y me
la como. Qué le vamos a hacer.
A mí me decían que provocaban caries.
(Marta muestra una
enorme y resplandeciente sonrisa). ¿Tú crees? Verás, tengo
varias dudas. Cuando era pequeña, me decían que no iba a
crecer porque no tomaba leche, y mido 1,74: tampoco está
tan mal la cosa. Cuando fumaba, también me decían que no
crecería; fume un tiempo, y luego lo dejé, pero nunca me ha
pasado nada. Y con las chucherías, siempre me decían que
iba a tener caries y, como ves, nada de nada. Quién sabe, a
lo mejor es que las necesito para mi salud mental y física.
¿El gusto por la chuchería abarca el dulce en general?
Que no, que no. A la gente más seria le gustan los pasteles
y las tartas, pero a mí, no; ni tartas ni pasteles. El
chocolate, depende del día. Pero lo que me gusta, sobre
todo, son las gominolas.
Hay un componente kistch en algunas presentaciones. Por
ejemplo, la de los famosos caramelos Pez, ¿le atrae?
Bueno, al fetichismo de las golosinas todavía no he
llegado. No tengo un cuadro en casa con las mejores, pero
no lo descarto. En el caso de los Pez, no deja de ser un
reclamo que también existía en mi época: poner un muñequito
para hacer más atractivo lo de dentro. Pero no regalar una
cosa que tenga que ver con la televisión o el cine: un
mundo al margen de la propia gominola, en este caso forma
parte de él.
Un año me comí 12 gominolas Jelly con las campanadas de
Nochevieja porque no tenía uvas.
Las Jelly son muy serias, pero si
hubieran sido ositos, ¡la suerte que habrías tenido!
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