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 La voz más acaramelada de la radio

 Pepe Colubi. La Mirada del fin de semana, septiembre de 2000.

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¡Los polos de hielo!

Lo más básico.
La porquería. Aquellos polos de hielo antiguos, puro colorante que chupabas y se quedaban sin color; ésos me gustaban a mí. ¿Te acuerdas de los Flash? Me encantan.

Las golosinas se asocian a la infancia, ¿recuerda la primera chuchería que le marcó?
La primera no, pero sí tengo un recuerdo de mi infancia muy asociado a las golosinas. Un día, no sé por qué, yo tenía 20 duros, que en aquella época eran un dineral, y me fui a una panadería a comprar chucherías. Al volver, no tenía llaves y no había nadie en casa. Así que empecé a comerme todas en la puerta; me puse tan mala que tuve que entrar en casa a la fuerza, dando patadas a la puerta hasta que la abrí. Me asusté tanto que la volví a cerrar y no dije nada en casa. Mis padres no lo supieron hasta hace un par de años.

Hablando de niños, ¿sería capaz de decirle a un niño que las golosinas son malas?
Lo que hago es comerme sus golosinas, y seguro que me gustan más que a ellos. Es un serio problema, porque, cuando hay que quitarles una chuchería, se la quito, y me la como. Qué le vamos a hacer.

A mí me decían que provocaban caries.
(Marta muestra una enorme y resplandeciente sonrisa). ¿Tú crees? Verás, tengo varias dudas. Cuando era pequeña, me decían que no iba a crecer porque no tomaba leche, y mido 1,74: tampoco está tan mal la cosa. Cuando fumaba, también me decían que no crecería; fume un tiempo, y luego lo dejé, pero nunca me ha pasado nada. Y con las chucherías, siempre me decían que iba a tener caries y, como ves, nada de nada. Quién sabe, a lo mejor es que las necesito para mi salud mental y física.

¿El gusto por la chuchería abarca el dulce en general?
Que no, que no. A la gente más seria le gustan los pasteles y las tartas, pero a mí, no; ni tartas ni pasteles. El chocolate, depende del día. Pero lo que me gusta, sobre todo, son las gominolas.

Hay un componente kistch en algunas presentaciones. Por ejemplo, la de los famosos caramelos Pez, ¿le atrae?
Bueno, al feti­chismo de las golosinas todavía no he llegado. No tengo un cuadro en casa con las mejores, pero no lo descarto. En el caso de los Pez, no deja de ser un reclamo que también existía en mi época: poner un muñequito para hacer más atractivo lo de dentro. Pero no regalar una cosa que tenga que ver con la televi­sión o el cine: un mundo al margen de la propia gominola, en este caso forma parte de él.

Un año me comí 12 gominolas Jelly con las campanadas de Nochevieja porque no tenía uvas.
Las Jelly son muy serias, pero si hubieran sido ositos, ¡la suerte que habrías tenido! l

 

 
       

 

 
         
       

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