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 La voz más acaramelada de la radio

 Pepe Colubi. La Mirada del fin de semana, septiembre de 2000.

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Como sea, desde el palo del que sale el regaliz, que mordíamos sin parar cuando éramos pequeñas, hasta sus distintas elaboraciones en forma de oso, moneda o barrita.

¿Qué me dice de la extraña textura de la golosina conocida como nube?
Eso es de importación, no es tradicional como aquella especie de leche de burra dura (por cierto, en forma de osito), que por dentro era blanda. Las nubes llegaron de Londres y, al principio, decían que había que tomarlas no sé cómo. Hoy las hay de todo tipo y han cambiado mucho: largas, cortas o redonditas. Aunque no eran corrientes cuando yo era pequeña, también me las como ahora.

La leche de burra será tradicional, pero la última generación de golosinas tira hacia el gore. Por ejemplo, hay una cosa llamada 'sesos rellenos', que es un cerebro de gominola relleno de algo rojo.
Yo a tanto no llego, pero hay unos dedos de goma con la uña mora­da que me he llegado a tomar. Sí, es cierto que salen cosas que llaman mucho la atención. No sé si hay comedores de gominolas muy extra­ños por ahí o, simplemente, es que va desti­nado a los niños. Ya sabes que todas las cosas escatológicas y terroríficas les encantan, por­que son porquerías y dan miedo.

Si las ideas geniales han de aunar sencillez y efectividad, creo que la de ponerle un palo a un caramelo es una de las más brillantes.
Por eso se ha exportado y hasta se cuentan chistes con el nombre del invento. Hablando en serio, esa idea es fantástica; hay dos ideas muy poco reconocidas: una, la del Chupa Chups, otra, la de la fregona. Si no es por la fregona, todavía estaríamos fregando de rodillas por los suelos. Y, si no fuera por los Chupa Chups, muchos más niños mancharían los coches de sus padres, por ejemplo.

Dudas metafísicas: ¿Chupa Chups o piruleta?
Depende del sabor; la piruleta me gusta más, porque tiene una fresa un poco más ácida. Los Chupa Chups los hacían antes con sabores clásicos: café con leche, por ejemplo. Pero prefiero los frutales; no me gustan las chucherías serias, sino las que dice mi madre que son un asco.

El Kojak, ese Chupa Chups con centro de chicle, marcó época.
Sí, pero el chicle era muy pequeño y dejaba la lengua roja; para eso, mejor las piruletas del principio, aquellas enormes que te dejaban los labios pintados.

 

 
       

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